Las expectativas son, muchas veces, las grandes culpables de que una experiencia cinematográfica se nos atragante más de la cuenta. No porque la película sea necesariamente mala, sino porque el hype previo —ese monstruo alimentado por tráilers, redes sociales y promesas implícitas— juega en nuestra contra. El resultado suele ser un jarro de agua fría difícil de ignorar. » Leer más
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